Es evidente que la presión social y política de progresismo moderno, nos está llevando a adoptar legislaciones que atentan contra la libertad individual y de expresión. Como un profeta moderno, George Orwell en su novela distópica “1984", presenta una advertencia sobre los peligros del poder absoluto y la erosión de la libertad individual en una sociedad donde la vigilancia y la manipulación son omnipresentes.
Este reencauchado totalitarismo estatal
disfrazado de buenismo, es perfectamente representado por el Socialismo del siglo
XXI, donde no solo se controla la acción física de los individuos, sino también
su capacidad de pensar y sentir libremente, actúa como un mecanismo de
vigilancia y represión, utilizando el miedo y la intimidación social y penal,
para garantizar los derechos de algunas minorías, por encima de los derechos de
las mayorías.
La nueva “Policía del pensamiento”,
refleja la teoría del panoptismo de Michel Foucault, donde la posibilidad
constante de ser observado lleva a la autocensura y a la internalización de las
normas impuestas por el poder. En "1984", los ciudadanos están
perpetuamente conscientes de la vigilancia, lo que los obliga a alinear sus
pensamientos y comportamientos con los dictados del Partido para evitar el
castigo.
Dicho control mental sería
facilitado por la manipulación del lenguaje y la propaganda. La "neo-lengua"
reduce el rango de pensamiento al eliminar palabras que expresan conceptos que
puedan ser “ofensivos” para estas minorías, y la propaganda constante refuerza
las verdades del Partido, incluso cuando son contradictorias. Así, la
"policía del pensamiento" no solo castiga las desviaciones, sino que
también moldea la realidad percibida por los individuos.
La existencia de la "policía
del pensamiento" crea una atmósfera de paranoia y desconfianza,
desintegrando los lazos sociales y promoviendo el aislamiento. En lugar de
comunidades basadas en la solidaridad y la cooperación, la sociedad de "1984"
está caracterizada por la sospecha mutua y la traición, ya que cualquier
persona podría ser un informante. No creo necesario extenderme por ejemplo en
los Fact-checkers de las redes sociales, quienes vigilan y denuncian a todo
aquel que emite una opinión, bajo la premisa de que ofende o vulnera los
derechos de las nuevas minorías, siempre y cuando esas minorías hagan parte del
discurso progresista; en cuyo caso (ampliamente documentable), esas opiniones
serán respetadas y sostenidas.
