10/31/2025

CUANDO LA UNIVERSIDAD SE VUELVE UNA FÁBRICA DE PAPELES


¿Son impresiones mías o la universidad, la academia -en general- se ha convertido en un laberinto de manuales de procedimiento, un ejército de auditores internos y un decanato más preocupado por el "CUMPLIMIENTO" que por el CONOCIMIENTO?

Llámenme orate, pero siento que hemos permitido que los estándares de calidad diseñados para optimizar la producción de tornillos y software—como la omnipresente ISO 9001—se trasladen sin criterio a la formación de SERES HUMANOS. Este es un secuestro corporativo ¿Producimos Saber o Cumplimiento?

Las certificaciones son, por naturaleza, sistemas de gestión. Prometen eficiencia, reducción de errores y satisfacción del "cliente". Su lengua franca es la del proceso, el diagrama de flujo y la evidencia documental. En lugar de discutir la filosofía de Kant o el futuro de la bioética, le estamos dedicando miles de horas-personas y presupuestos astronómicos a Rellenar la Casilla de "Evidencia": ¿Cómo "evidencias" que un estudiante ha alcanzado la madurez cultural o la agudeza crítica, la proficiencia de una segunda lengua? Lo reduces a una rúbrica, un formulario y una estadística de "Satisfacción Estudiantil" o una prueba estandarizada. Todo se pierde en el checklist.

Estamos más preocupados por las auditorías permanentes que por la innovación pedagógica y la didáctica. El vicerrectorado académico muta en un Risk Management Office. El foco ya no está en contratar al mejor filólogo, sino al técnico que sepa interpretar la NTC 5555 y evitar una "No Conformidad Mayor" en la próxima visita. La pedagogía se arrodilla ante la burocracia.

Cuando el Manual de Calidad pesa más que el Proyecto Educativo Institucional (PEI), hemos cruzado el punto de no retorno. Ya no somos un faro de conocimiento; somos una fábrica de certificados con licencia para educar. Estamos sometidos a la Tiranía de la Métrica. Lo Holístico no es tan relevante; nos pagan para cumplir horarios estrictos, por ocupar un espacio en una oficina. Por cierto, un estudio indica que el 85% de los “líderes” admite que el modelo híbrido de trabajo ha dificultado la confianza en la productividad, sugiriendo que el problema no es de rendimiento real, sino de la obsesión de la gerencia por el control y la visibilidad (justo el punto que critica la Canvas sobre la "auditoría").

Así las cosas, la formación holística, cultural y espiritual es, por definición, difusa, compleja e intangible. Su valor se mide en la capacidad de tu cliente potencial para enfrentarse a la incertidumbre, para ser un ciudadano ético y para encontrar sentido más allá del cheque de pago.

Pero qué pasaría si yo planteo la posibilidad de una formación más holística… Los certificadores me preguntarán: “¿Cuál es el indicador de desempeño (KPI) para la 'Formación Espiritual'?” “¿Cómo, estimado profesor, se documenta el ‘impacto cultural’ en la Tasa de Graduación?” “¿Qué evidencia objetiva tenemos de la 'madurez ética'?”

Como estas variables no son fáciles de medir, estandarizar o auditar, la solución institucional es la más cobarde: minimizar su peso curricular.

Se priorizan los programas de alto rendimiento en empleabilidad inmediata, los soft skills empresariales y las competencias técnicas específicas (que sí pueden validarse con una norma sectorial). Las humanidades, las artes, la filosofía, todo lo que te hace un ser humano completo y no solo un engranaje productivo, es reducido a un crédito optativo o peor aún, a un mero epígrafe en el PEI que nadie audita con rigor.

La certificación no mide lo bien que educas; mide lo bien que documentas que dices haber educado.

Pero evaluemos la pertinencia: Una norma técnica para un laboratorio de ingeniería, que garantiza el calibrado de equipos (ISO/IEC 17025), es pertinente para la seguridad y la calidad técnica.

El traslado de un modelo de gestión de riesgos empresariales a la labor del docente, pidiéndole documentar cada interacción y cada diseño de clase como si fuera un proceso fabril, es totalmente impertinente para la formación holística. Estamos obsesionados en demostrar a un tercero que tenemos procedimientos, en lugar de invertir ese esfuerzo en el único producto real que promete: la transformación del estudiante.

La educación es un acto de fe, de riesgo intelectual y de crecimiento intangible. Al someterla al yugo de la norma técnica, la hemos desinfectado de todo riesgo, de toda pasión y de toda humanidad. El resultado es un graduado técnicamente apto, pero culturalmente desarmado. 

Ahora sí que me van a echar... Bueno, que fluya lo que tenga que fluyar.

 


10/30/2025

LA CORRELACIÓN NO INDICA CAUSALIDAD

 


Hay cosas que parecen obvias; tan obvias, que la mayoría las repite con la convicción de quien ha tocado la verdad con los dedos grasientos de la certeza.

Pero lo obvio —ese tótem moderno de la mente perezosa— suele ser el refugio del que no piensa, sino que reacciona, pero cree que piensa.

La imagen por ejemplo, es simple: dos gaviotas, una arriba, una abajo; y un madero doblado exactamente donde uno está intacto.

El cerebro, siempre ansioso por cerrar patrones, concluye: “La gaviota dobló el madero.” Ahí lo tienes: el pensamiento mágico con disfraz de lógica. Sé que estás pensando, "no, no fue la conclusión a la que yo llegué" (yo saqué 5 en matemáticas), ya pero sólo porque tu mente te dice que una gaviota no podría haber partido el madero con su peso.

No, no lo sabes pero tu mente busca siempre unir puntos que jamás se tocaron, explicando causas que jamás existieron. Yo no me inventé esto, no te enojes conmigo, el cerebro odia el vacío tanto como el ego odia el silencio. Y en ese intento desesperado por encontrar sentido, fabricamos causas, inventamos culpables, canonizamos coincidencias.

El problema no es ver patrones; el problema es confundir la coincidencia con la verdad, la correlación con la causalidad, la apariencia con la comprensión.

Es el mismo mecanismo que hace que alguien crea que leer frases en tiktok te hace sofisticado, que tener twitter te mantiene informado, que lo que ves en instagram refleja la realidad de las personas, que tener muchos títulos te hace inteligente. Correlación no implica causalidad. 

Repetir conceptos no implica comprensión. La correlación no implica que sepas de qué carajos estás hablando.

A veces, el verdadero acto de inteligencia no es opinar, sino observar en silencio. Mantener el hocico cerrado —como diría el filósofo que aún no escribió nada pero ya entendió más que muchos—. Porque callar frente a lo que no comprendemos no es rendirse: es autorespeto, amor propio; respeto al misterio, al proceso, al momentum que toma algo en ser realmente entendido.

Quizás esa sea la lección escondida entre las gaviotas y el madero torcido.

No todo lo que parece conectado lo está. No todo lo que se calla es por ignorancia o temor. A veces, el silencio es el único lugar donde la verdad respira sin ser interpretada.

Espero que nada de lo dicho aquí te haya ofendido, odiaría pasar otro fin de semana reflexionando sobre los sentimientos heridos de los demás por las cosas que a veces digo.