Se ha venido asentando sobre mi corazón como una mariposa sobre una flor, la aceptación taxativa de que no me interesa educar ni cambiar a nadie sobre lo que la experiencia, la lectura y la vida misma me ha enseñado y que son mis actuales pilares filosóficos, espirituales, psicológicos. Puedo comprender y aceptar sin el más mínimo asomo de incomodidad intelectual que los demás, la gente, los otros, pueden vivir sin conocer mis opiniones o argumentos sobre cualquier tópico celestial o mundano que en este momento preocupe a la humanidad. Esta hermosa epifanía me ha venido liberando de la responsabilidad de abrumar a los demás con opiniones sobre cosas que no me han preguntado.
Es el ego quien quiere bajo la sutil argucia de "dejar un legado", "aportar un granito de arena para un mundo mejor" y otras idioteces parecidas; sentirse admirado, necesitado, respetado, obsequiado. Porque al final, si hay algo que pudiéramos enseñarle a los demás o dejarles como un legado, está más relacionado con el Ejemplo. El ejemplo de nuestra vida sería suficiente y realmente efectivo para este propósito. ¿Sabes? Los demás, entienden y aprenden exactamente lo que a la postre les venga en gana; toman su propias decisiones basadas en sus propias programaciones mentales y salvo que hagan consciente lo subconsciente, no cambiarán; y eso es algo que yo no puedo hacer ni por quienes amo. Al final yo sólo me tengo a mí, a Nosotros y tú te tienes a ti, a Ustedes.
Cuídate, porque sólo te tienes a ti.
