8/25/2024

EL ESPEJO DE LA VIDA

 


La mente humana tiene una capacidad innata para dar forma a la realidad a través de la interpretación. Este fenómeno, conocido como sesgos cognitivos, nos lleva a percibir y entender el mundo de manera subjetiva, influenciado por nuestras creencias, experiencias previas y expectativas.

Voy a ofrecer a continuación algunos ejemplos de cómo forzamos la interpretación de datos:

Confirmación de sesgos: Tendemos a buscar y recordar información que confirme nuestras creencias preexistentes, mientras que ignoramos o minimizamos la evidencia que las contradice.

Efecto halo: Formamos una impresión general de una persona basada en una sola característica positiva o negativa, extendiendo esa impresión a otros aspectos de su personalidad.

Proyección: Atribuimos nuestros propios pensamientos, sentimientos y deseos a otras personas.

Efecto Dunning-Kruger: Las personas con poca competencia en un área tienden a sobreestimar sus habilidades, mientras que las altamente competentes tienden a subestimar las suyas.

¿Por qué ocurre esto? Es una función biológica de nuestro cerebro.

Simplificación de la realidad: Nuestro cerebro busca constantemente patrones y simplificar la información para ahorrar energía cognitiva.

Protección del ego: Los sesgos cognitivos pueden servir como mecanismos de defensa, protegiéndonos de información que podría ser emocionalmente dolorosa o desafiar nuestra autoestima o nuestro sistema de creencias.

Adaptación social: Los sesgos cognitivos pueden haber sido adaptativos en el pasado, ayudándonos a sobrevivir y a formar grupos sociales.

¿Es posible minimizar estos sesgos? Por supuesto que sí ¿Estamos dispuestos a hacerlo? Por supuesto que no. Eso requeriría reconocer que todos somos susceptibles a los sesgos cognitivos y ese el primer paso para combatirlos, pero esto compite frente a la sensación emocional que ofrece “tener la razón”. Y convengamos en que los humanos no somos precisamente criaturas racionales sino emocionales, en búsqueda de la razón. Esto implicaría autocuestionarse, desafiar nuestras propias creencias y buscar activamente información que las contradiga. ¿Estaríamos dispuestos a eso? Francamente no lo creo. Se requiere de un altísimo grado de desarrollo moral como lo plantearía Kohlberg.

Se precisaría de un nivel de empatía demasiado elevado; ver las situaciones desde diferentes perspectivas sólo puede ser logrado por mentes muy evolucionadas. Obviamente no me refiero a la empatía subjetiva esta que conocemos acá.

Y por último tendríamos que haber sido formados desde la escuela en el desarrollo de habilidades de pensamiento crítico para evaluar la información de manera objetiva. Todos sabemos que a nuestros sistemas educativos lo que menos les interesa es eso. Hay prioridades de prioridades como resolver ecuaciones algebraicas, memorizar fechas históricas y el no uso de piercings.

Por eso, no podemos percibir el espectro de la realidad más allá de nuestra muy limitada realidad. Después de todo nadie sabe qué es lo que no sabe y no existe el más mínimo riesgo de que lo sepa.