La mente
humana tiene una capacidad innata para dar forma a la realidad a través de la
interpretación. Este fenómeno, conocido como sesgos cognitivos, nos lleva a
percibir y entender el mundo de manera subjetiva, influenciado por nuestras
creencias, experiencias previas y expectativas.
Voy a
ofrecer a continuación algunos ejemplos de cómo forzamos la interpretación de
datos:
Confirmación
de sesgos: Tendemos a buscar y recordar información que confirme nuestras
creencias preexistentes, mientras que ignoramos o minimizamos la evidencia que
las contradice.
Efecto
halo: Formamos una impresión general de una persona basada en una sola
característica positiva o negativa, extendiendo esa impresión a otros aspectos
de su personalidad.
Proyección:
Atribuimos nuestros propios pensamientos, sentimientos y deseos a otras
personas.
Efecto
Dunning-Kruger: Las personas con poca competencia en un área tienden a
sobreestimar sus habilidades, mientras que las altamente competentes tienden a
subestimar las suyas.
¿Por qué
ocurre esto? Es una función biológica de nuestro cerebro.
Simplificación
de la realidad: Nuestro cerebro busca constantemente patrones y simplificar la
información para ahorrar energía cognitiva.
Protección
del ego: Los sesgos cognitivos pueden servir como mecanismos de defensa,
protegiéndonos de información que podría ser emocionalmente dolorosa o desafiar
nuestra autoestima o nuestro sistema de creencias.
Adaptación
social: Los sesgos cognitivos pueden haber sido adaptativos en el pasado,
ayudándonos a sobrevivir y a formar grupos sociales.
¿Es posible minimizar estos sesgos? Por
supuesto que sí ¿Estamos dispuestos a hacerlo? Por supuesto que no. Eso
requeriría reconocer que todos somos susceptibles a los sesgos cognitivos y ese el
primer paso para combatirlos, pero esto compite frente a la sensación emocional que ofrece “tener la razón”. Y convengamos en que los humanos no somos precisamente
criaturas racionales sino emocionales, en búsqueda de la razón. Esto implicaría
autocuestionarse, desafiar nuestras propias creencias y buscar activamente
información que las contradiga. ¿Estaríamos dispuestos a eso? Francamente no lo
creo. Se requiere de un altísimo grado de desarrollo moral como lo plantearía Kohlberg.
Se
precisaría de un nivel de empatía demasiado elevado; ver las
situaciones desde diferentes perspectivas sólo puede ser logrado por mentes muy
evolucionadas. Obviamente no me refiero a la empatía subjetiva esta que
conocemos acá.
Y por último
tendríamos que haber sido formados desde la escuela en el desarrollo de
habilidades de pensamiento crítico para evaluar la información de manera
objetiva. Todos sabemos que a nuestros sistemas educativos lo que menos les
interesa es eso. Hay prioridades de prioridades como resolver ecuaciones algebraicas,
memorizar fechas históricas y el no uso de piercings.
Por eso, no podemos percibir el espectro de la realidad más allá de nuestra muy limitada realidad. Después de todo nadie sabe qué es lo que no sabe y no existe el más mínimo riesgo de que lo sepa.