Esta es una pregunta poderosa que
apela a la necesidad de autonomía y control sobre el propio destino por parte
de algunos individuos.
Mas no de otros.
Sin embargo, cuando la sometemos
a un análisis riguroso desde la psicología cognitiva y la ontología, la frase
revela una complejidad que va mucho más allá del simple entusiasmo. Voy a
permitirme desarrollarla sin pretender dar una respuesta correcta. Faltaba más.
Primero que todo, debo reconocer
que es tentador abrazar la idea de que podemos despojarnos de nuestra herencia.
No obstante, la evidencia empírica nos recuerda que somos, en una parte
innegociable, un legado biológico. Nuestro ADN no es solo una receta para
rasgos físicos; es un marco que condiciona nuestra reactividad emocional,
ciertos sesgos cognitivos e incluso nuestra predisposición al estrés. Si bien la epigenética nos dice que el entorno influye, el marco biológico inicial es innegociable. No hay mucho espacio para debatir la existencia de ese cimiento
Negar la herencia sería ignorar
los cimientos de la casa que habitamos. Quizás la pregunta no sea si somos lo
que heredamos, sino hasta qué punto nuestra "identidad genética" tendría
permiso para operar dentro de esos límites biológicos que no elegimos.
Por otro lado, si nos inclinamos
por "somos lo que decidimios sostener", plantearíamos una perspectiva
pragmática, que nos permitiría construir una narrativa de mejora continua donde
"somos" nuestros hábitos y decisiones. Un terreno sumamente fértil y rentable para el mercado del Coaching reciente.
Pero no vine aquí a dar una
respuesta sino a agregar un elemento subversivo, una pregunta incómoda, una
astilla por lo menos en las mentes pragmáticas: ¿Quién es el que decide?
Si yo observo mi
mente y yo reconozco mis pensamientos, y si yo habito mi
cuerpo me surge la vieja interrogante filosófica: ¿Quién soy yo? ¿A
quién me refiero como “yo”?
Esa instancia que no es la herramienta (la mente), ni el vehículo (el cuerpo), sino el conductor... o quizás, simplemente el testigo.
Porque resulta que cada individuo
puede autodefinirse desde diferentes niveles:
- El nivel funcional: Yo Soy mis roles
o personajes (Juan, padre, abogado, colombiano...). En este plano, la
respuesta sería puramente pragmática. El individuo se define por su
interacción con el entorno y los resultados que genera.
- El nivel psicológico: Yo Soy mis
decisiones y lo que decido sostener de mi historia, (mi psique, mis
experiencias, mi “personalidad” … Aquí la respuesta se centraría en el aparato
psíquico y en la narrativa que el individuo construye sobre sí mismo.
- El nivel ontológico: Yo Soy el
observador silencioso que está detrás de todo lo anterior. Aquí, la
respuesta cuestiona la premisa misma de la pregunta.
Al final, parecería que somos un
sistema complejo: una parte de nosotros es herencia inevitable, otra es
decisión consciente, y una tercera, es ese misterio ontológico que simplemente es,
más allá de cualquier etiqueta o gestión de la realidad.
Francamente no me siento con la
suficiente autoridad conceptual para contestar esa pregunta, al menos no en
público. Me temo que cada quién tendrá que definir desde qué nivel identitario
se está pronunciando y de cuál sea el origen de su verdad.

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