9/21/2024

EL PERRO Y LA PUNTILLA

 


"Una vez, llega un tipo a una tienda, pide una soda y de pronto se da cuenta que hay un perro echado en un rincón, quejándose un poco. El tipo curioso, le pregunta al encargado. ¿Qué le pasa a ese perro? ¿Por qué está quejándose? El encargado le dice, no le haga caso, lo que pasa es que está acostado sobre una puntilla. El tipo abre los ojos incrédulo, mira al perro y pregunta ¿Pero por qué no se levanta simplemente y se va a acostar a otro lado? Ah, dice el encargado, lo que pasa es que la puntilla es lo suficientemente incómoda para hacerlo quejarse, pero no lo suficientemente incómoda para hacerlo cambiar de lugar..."

Esta aparente paradoja esconde una verdad muy compleja sobre la condición humana y nuestra relación con el sufrimiento.
A menudo, nos encontramos atrapados en situaciones que nos causan dolor, ya sea físico, emocional o existencial. Sin embargo, como el canino de la historia, nos resistimos a cambiar. ¿Por qué? Porque cambiar implica esfuerzo personal, y esto presenta una resistencia incalculable frente a la incertidumbre claro, salir de nuestra zona de confort, aunque sea para buscar alivio.

Preocupaciones laborales, relaciones interpersonales conflictivas, los miedos fundados o infundados, creencias limitantes. Son todos esos factores que nos causan molestia, pero que, por alguna razón, no nos impulsan a actuar de manera diferente.
Los estoicos sostienen que no son los eventos externos los que nos perturban, sino nuestros juicios sobre ellos. En el caso del perro, su sufrimiento no radica en la puntilla en sí.

¿Por qué nos aferramos a lo que nos hace daño?

Tal vez miedo a lo desconocido aunque esto signifique mejorar nuestra calidad de vida, a la incertidumbre. Preferimos lo que conocemos, aunque sea doloroso; con frecuencia el dolor se vuelve familiar y, por tanto cómodo. Salir de nuestra zona de confort requiere energía y esfuerzo, pero sobre todo: Perspectiva: En un perro, se entiende porque carece de la corteza prefrontal que nuestro cerebro sí tiene. Esta pequeña carencia canina, tampoco le permite asumir la responsabilidad de sus decisiones.

¿Qué tiene de atractivo la queja? La queja busca la empatía y la atención de los demás. La queja sobre cualquier situación o persona que "nos esté incomodando", es un mecanismo de defensa, una forma de justificar nuestra inacción y de evadir la responsabilidad de nuestras propias decisiones conscientes (5%) o subconscientes (95%)

La puntilla es un recordatorio incómodo de que nuestras circunstancias no son nunca el producto del azar, sino de un entramado complejo de creencias y emociones almacenados en nuestra psiquis durante los primeros 7 años de vida, reforzadas por el resultado de la repetición cíclica de cada experiencia a lo largo de nuestra vida.

Surge necesariamente en este punto una pregunta existencial que ha inquietado a filósofos durante siglos: ¿hasta qué punto somos realmente libres para elegir?
Pero la pregunta mía sería ¿Cómo puedes hacer cambios sobre lo que no sabes que necesitas cambiar? No puedes cambiar lo que no ves necesario cambiar; entonces nos encontramos en una nueva paradoja existencial. Si el 95% de las decisiones que tomamos tienen un componente subconsciente, la única forma de darse cuenta es haciendo consciente lo subconsciente. El perro tendría que tener esta maravillosa capacidad humana de imaginar cómo sería su vida si se levantara y cambiara de lugar, pero no la tiene. ¿Cuánta incomodidad, enfermedad, carencias económicas, relaciones sentimentales disfuncionales; estamos dispuestos a tolerar antes de tomar una decisión radical como esa? ¿En qué momento la queja se convierte en un llamado a la acción si desconocemos qué es lo que no conocemos? 

Si levantarse de esa puntilla implica inexorablemente la necesidad de reconocer que son nuestras decisiones, sobre todo las subconscientes, las que nos tiene en primer lugar acostados ahí ¿Cuánto disconfort necesita cada uno de nosotros para al menos considerar con una altísima dosis de humildad, que efectivamente necesitamos hacer consciente lo inconsciente? 

Puedes y estarás o no de acuerdo con este axioma por supuesto; después de todo es mucho más fácil y conveniente la queja. 


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