Yo sólo quería conmemorar el
día del hombre, pero al parecer, lejos de mi intención de evaluar el valor
masculino basado en la funcionalidad histórica de miles de años, se polarizó
para que pareciera un ataque frontal a la inseguridad emocional que el
radicalismo de género parece dar sentido en la vida de algunas personas. Espero
con todas mis fuerzas y encenderé una vela para que este ensayo no sea
catalogado como mansplaining.
Históricamente,
el valor del varón en la mayoría de las sociedades se cimentó en su capacidad
para asumir riesgos físicos y ser el principal proveedor de
recursos esenciales. En las sociedades de cazadores-recolectores, el éxito en
la caza y la defensa del grupo (funcionalidad de supervivencia) era
directamente proporcional al estatus y valor de un hombre; todo parece indicar
según el feminismo postmoderno, que fue un constructo social para robarle el
protagonismo e importancia de la mujer en la conquista del mundo.
Con el
advenimiento de la agricultura y luego la industrialización, este rol se
tradujo en la capacidad de trabajo físico y la generación de riqueza o
producto (funcionalidad económica). El reconocimiento y el
"amor" (en el sentido de validación social y pareja) eran a menudo un
resultado directo de su efectividad en estos roles. Digo era porque
hasta hace un par de horas, me hicieron caer en cuenta que esto ya cambió. Cambió
y yo al parecer era el único que desconocía que hoy en día las mujeres eligen y
aman a los hombres, aunque estos no jueguen roles de proveedores en
funcionalidad de supervivencia; recién acaba de permear mi comprensión el
postulado de Shakira de que las mujeres ya no lloran, sino que facturan. Ahora
todo tiene sentido.
Si bien es
cierto que, en contraste con el rol funcional del hombre, el "amor
incondicional" se ha asociado históricamente con la Maternidad y el
Cuidado dando como resultado que el valor de la mujer se haya ligado a la función
reproductiva y de cuidado dentro del hogar, de tal suerte que el
afecto materno ha sido idealizado a menudo como la forma más pura de amor
incondicional, lo cual es probablemente el efecto placebo más diabólico de la
estrategia envolvente del patriarcado opresor. Después podemos discutir cómo este,
que ha sido el motor despiadado de la civilización, ha derivado en injusticias
gracias a la división que dejó al hombre con un valor social más condicional,
atado a su rendimiento, mientras que las figuras asociadas al cuidado y
la dependencia (mujeres y niños en sus roles tradicionales) disfrutan de una
forma de aceptación más intrínseca e incondicional.
Sería muy
interesante conocer algún tipo de estadística social, algún proyecto de
investigación científica, que nos permitiera conocer la posición de los hombres
de este planeta, que no aportan nada en la escala de valores, no sólo de las
mujeres sino de toda la especie humana; algo que nos permitiera descartar y
archivar este post, como una verdadera provocación ideológica. Algo que nos
permitiera esclarecer el ranking de hombres que no están preparados para
aportar recursos y mitigar riesgos para cualquier célula social, dentro de la
escala de valores que usan las mujeres, no sólo para amar a un hombre, sino para
que sea su pareja en esta simple y brutal economía de la supervivencia.
Nos hemos
enfrascado en un circo teórico. Hemos cambiado la lucha tangible por la
supervivencia por una guerra de narrativas donde el enemigo es etéreo. Hemos
creado una cultura donde cualquier intento de explicar, liderar o incluso
corregir, es diagnosticado automáticamente como un síntoma de un sistema de
dominación, rebajando las interacciones humanas (incluyendo las tóxicas, que
existen) a simples etiquetas ideológicas vacías. No quieren un diálogo, quieren
un diagnóstico.
Llámame
machista opresor heteropatriarcal, pero sí: las mujeres y los niños primero.
Y el que no aporta
que no estorbe.









