11/19/2025

LA IMAGEN DE LA DISCORDIA

 


Yo sólo quería conmemorar el día del hombre, pero al parecer, lejos de mi intención de evaluar el valor masculino basado en la funcionalidad histórica de miles de años, se polarizó para que pareciera un ataque frontal a la inseguridad emocional que el radicalismo de género parece dar sentido en la vida de algunas personas. Espero con todas mis fuerzas y encenderé una vela para que este ensayo no sea catalogado como mansplaining.

Históricamente, el valor del varón en la mayoría de las sociedades se cimentó en su capacidad para asumir riesgos físicos y ser el principal proveedor de recursos esenciales. En las sociedades de cazadores-recolectores, el éxito en la caza y la defensa del grupo (funcionalidad de supervivencia) era directamente proporcional al estatus y valor de un hombre; todo parece indicar según el feminismo postmoderno, que fue un constructo social para robarle el protagonismo e importancia de la mujer en la conquista del mundo.

Con el advenimiento de la agricultura y luego la industrialización, este rol se tradujo en la capacidad de trabajo físico y la generación de riqueza o producto (funcionalidad económica). El reconocimiento y el "amor" (en el sentido de validación social y pareja) eran a menudo un resultado directo de su efectividad en estos roles. Digo era porque hasta hace un par de horas, me hicieron caer en cuenta que esto ya cambió. Cambió y yo al parecer era el único que desconocía que hoy en día las mujeres eligen y aman a los hombres, aunque estos no jueguen roles de proveedores en funcionalidad de supervivencia; recién acaba de permear mi comprensión el postulado de Shakira de que las mujeres ya no lloran, sino que facturan. Ahora todo tiene sentido.

Si bien es cierto que, en contraste con el rol funcional del hombre, el "amor incondicional" se ha asociado históricamente con la Maternidad y el Cuidado dando como resultado que el valor de la mujer se haya ligado a la función reproductiva y de cuidado dentro del hogar, de tal suerte que el afecto materno ha sido idealizado a menudo como la forma más pura de amor incondicional, lo cual es probablemente el efecto placebo más diabólico de la estrategia envolvente del patriarcado opresor. Después podemos discutir cómo este, que ha sido el motor despiadado de la civilización, ha derivado en injusticias gracias a la división que dejó al hombre con un valor social más condicional, atado a su rendimiento, mientras que las figuras asociadas al cuidado y la dependencia (mujeres y niños en sus roles tradicionales) disfrutan de una forma de aceptación más intrínseca e incondicional.

Sería muy interesante conocer algún tipo de estadística social, algún proyecto de investigación científica, que nos permitiera conocer la posición de los hombres de este planeta, que no aportan nada en la escala de valores, no sólo de las mujeres sino de toda la especie humana; algo que nos permitiera descartar y archivar este post, como una verdadera provocación ideológica. Algo que nos permitiera esclarecer el ranking de hombres que no están preparados para aportar recursos y mitigar riesgos para cualquier célula social, dentro de la escala de valores que usan las mujeres, no sólo para amar a un hombre, sino para que sea su pareja en esta simple y brutal economía de la supervivencia.  

Nos hemos enfrascado en un circo teórico. Hemos cambiado la lucha tangible por la supervivencia por una guerra de narrativas donde el enemigo es etéreo. Hemos creado una cultura donde cualquier intento de explicar, liderar o incluso corregir, es diagnosticado automáticamente como un síntoma de un sistema de dominación, rebajando las interacciones humanas (incluyendo las tóxicas, que existen) a simples etiquetas ideológicas vacías. No quieren un diálogo, quieren un diagnóstico.

Llámame machista opresor heteropatriarcal, pero sí: las mujeres y los niños primero.

Y el que no aporta que no estorbe.


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