Quienes
hemos leído a Mario Bunge, el filósofo que defiende el rigor y la objetividad
de la ciencia como la mejor herramienta para comprender el mundo, comprendemos
un poco la implacable critica que le hace al postmodernismo, acusándolo de
relativista y subjetivista.
Para
Bunge, el postmodernismo socava la idea de verdad objetiva, proponiendo que
todas las verdades son relativas a culturas, individuos o perspectivas. Esto,
según él, lleva a un peligroso nihilismo, donde ninguna afirmación puede ser
preferida a otra.
Bunge
argumenta que la ciencia, con su método riguroso y su capacidad de generar
conocimiento verificable, es la única forma de alcanzar un entendimiento
objetivo del mundo. Sin embargo, soy capaz de reconocer que en ocasiones la
ciencia puede convertirse en un discurso de poder o una construcción social
más. Pero hay suficiente evidencia científica sobre temas que difícilmente
pueden ser cuestionados científicamente.
Bunge
es tal vez el último faro filosófico de racionalidad en un mundo absorbido cada
vez más por el postmodernismo estatal y su rechazo a la verdad objetiva y su
promoción de la subjetividad; donde cualquiera puede “percibirse” de cualquier
manera y por medio de los subterfugios de la neo-lengua impuestos como parte de
un programa de reeducación mundial ampliamente conocido; una parte de la
población estaremos a merced de esta caterva de ignorantes a quienes se les ha obsequiado
el derecho de gobernar y legislar para castigar a quienes aún creemos en la
biología y en la ciencia, en la evidencia y el método científico, como
metodología para interpretar la realidad; porque esta serie de enfermedades
psíquicas y mentales esparcidas en la batalla cultural del neosocialismo o como
se le conoce hoy en día como “progresismo”, son la nueva normalidad; la nueva “realidad”.
Ahora,
si bien los individuos humanos que hacen parte del Estado, tienen que
garantizar el derecho de cada persona a identificarse y expresarse como lo que
se le cante… También tiene que garantizar el derecho del resto de ciudadanos a simplemente
identificarse y expresarse como se le cante. Puedo entender perfectamente que
un hombre (XY) decida identificarse como mujer, pero no me pueden obligar a que
yo ignore el hecho biológico y certificable que sus cromosomas no son ni XX ni
tiene los cromosomas de un perro. ¿Qué locura es esta? Dizque en nombre del “respeto”
y la igualdad. Yo voy a respetar y a luchar por tus derechos constitucionales y
para que ante la ley te identifiques como te de la gana, pero que me obligues a
“creer” que eres una niña de 8 años cuando la bilogía dicta que eres un hombre
varón de 57 años, o que eres un dálmata…
Mientras
la biología sigua siendo la ciencia que trata de los seres vivos considerando
su estructura, funcionamiento, evolución, distribución y relaciones; mientras
no me muestres las investigaciones más recientes que demuestren científicamente
estas nuevas construcciones sociales, La visión de Bunge seguirá siendo un
referente importante para yo decidir qué es real y qué no. No voy a ser parte
de esta estupidez colectivista que se ha apoderado de esta especie humana en
involución aparente dizque en nombre de la “diversidad y la inclusión”. ¡Hipócritas!
¡No los veo luchando por los que sí sufren enfermedades reales como el cáncer
como efecto directo de los hábitos alimenticios que por décadas la industria
alimenticia y farmacéutica nos ha impartido sin su más mínimo interés! No los
veo saliendo con banderitas ni desfiles a favor de la inclusión de los que por
impedimento físico no tienen las mismas oportunidades que todo el mundo; ¿Dónde
quedó su justicia social? ¿Dónde está su lucha por quienes tienen limitaciones
físicas reales? Ah es que no les sirve para el discursito este de mierda que
usan para sentirse buenos, nobles, “incluyentes”. Su lucha por la inclusión es
un poco excluyente y selectiva.
Hipócritas.
