Aunque la pérdida de la capacidad
de razonar puede ser temporal o permanente la gravedad de los síntomas y la
causa subyacente, pueden variar ampliamente.
Ahora bien, no es de entero desconocimiento
público, un fenómeno global cada vez más acentuado, que ha trazado líneas
divisorias profundas en la sociedad contemporánea y se caracteriza por la
renuncia voluntaria a la capacidad de pensar de manera lógica y coherente,
priorizando las creencias ideológicas sobre la evidencia empírica y el
razonamiento objetivo. Debe ser claro ya en este punto, que me estoy refiriendo
a la polarización política. La incapacidad de razonar de forma objetiva y la
priorización de las creencias ideológicas son factores clave que alimentan esta
polarización.
¿Podría la decisión voluntaria de
un individuo de renunciar al análisis inteligente de hechos de fácil
comprobación empírica y a favor de estos neo-ecosistemas sociales cuyo
principal argumento son las emociones, ser considerado algún dipo de esquizofrenia?
¿Podría ser este fenómeno tratado como un trastorno de la personalidad teniendo
en cuenta que por definición se refiere a patrones de pensamiento y
comportamiento duraderos y disfuncionales que pueden afectar la capacidad de
tomar decisiones y resolver problemas?
¿Cuáles son los criterios
científicos que nos ayudarían a diferenciar la polarización política, de
cualquiera de estas enfermedades psiquiátricas y neurológicas? ¿Nos encontramos
frente a un nuevo tipo de enfermedad neurodegenerativa responsable de un
galopante deterioro de las funciones cognitivas incluyendo el razonamiento lógico?
Lamentablemente, quienes padecen
estos síntomas no pueden ni imaginar que pudieran estar enfermos; son quienes
no están enfermos los obligados a lidiar con las nefastas consecuencias de las decisiones
sociales, económicas y geopolíticas que esta presunta oleada de enfermos
mentales, desencadena desde el núcleo devastador de estas pequeñas minorías
colectivistas que se han autoerigido como los salvadores del planeta.
Es como aquellos que padecen de
halitosis, infelizmente quienes la padecen no la sufren, sino quienes los
rodean.
¿Será esta la próxima y última
pandemia? ¿Será esta le verdadera tercera guerra mundial? Porque mientras
existan las redes sociales, no existe la más mínima posibilidad de salvarse.

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