A mí me causa francamente risa,
cada vez que escucho los “argumentos” defensivos de los acérrimos seguidores de
caudillos políticos de izquierda y derecha de LATAM, acusando a los medios
masivos de comunicación, antes denominados y con razón El Cuarto Poder, de
manipulación mediática; acudiendo a la teoría de manipulación masiva atribuida
a Chomsky. Y tendrían razón si estuviéramos en 1997 cuando empezó la primera
red social Six Degrees; ahí les dejo el dato para los Millenials que creen que
las vinieron a descubrir con My Space o Facebook.
Ciertamente desde inicios del
siglo 20, las grandes superficies económicas y, por ende, políticas del mundo,
eran y son los dueños de la mayoría de estas cadenas noticiosas, aprovechando
que eran los medios masivos de información y desinformación mundiales, por lo
tanto sí incidieron en la maniobrabilidad de la opinión pública, pero ¡Por
favor! hoy en pleno 2024 creer que la mayoría de la gente (y sobre todo desde la
generación Millenials en adelante), se sientan a enterarse de lo que sucede en
el país y el mundo a través de noticieros como Caracol, RCN, la revista Semana
o cualquier otro decadente canal noticioso colombiano, es por lo menos,
ridículo. Amiguitos, no necesitan “satanizar” estos canales y programas de
noticias, ni acusarlos de manipular la opinión de las masas; lo que necesitan
es actualizar sus opiniones políticas, económicas, leer un poco (al menos la
mitad de lo que se la pasan mandando a leer a quienes disienten de sus
opiniones); las plataformas digitales han popularizado nuevos formatos de
contenido, como los videos cortos, los podcasts y los live streams, que son más
atractivos para las nuevas generaciones. Los medios tradicionales, en muchos
casos, han tardado en adaptarse a estos cambios y han perdido relevancia entre
los jóvenes; sino me creen, entrevisten a ese Guanúmen, creo que se llama.
Estos sí saben cómo es que se manipula la opinión pública, pero señores no
hagan más el ridículo acusando a “paracol” o a cualquiera de estos decadentes
noticieros, de manipular la opinión de la gente, lo que además es un insulto
para el ciudadano común. Por ahí creería yo, las viejas generaciones siguen
escuchando noticias ahí y viendo realities y concursos, programas de humor a la
antigua; pero estas generaciones de votantes ya no eligen presidentes.
Hay tanta información hoy en
día, como desinformación. Por lo tanto, la revista Semana puede publicar lo que
le de la gana, pero ¿Cómo compite eso con el acceso a contenidos disidentes en
tantos y diversos canales digitales de acceso gratuito, en cualquier momento o
a cualquier hora del día? Las redes sociales y las plataformas de streaming han
atomizado la audiencia, ofreciendo contenidos hiperpersonalizados que se
adaptan a los intereses individuales de cada usuario. Esto dificulta que los
medios tradicionales, con sus formatos más generalistas, capturen la atención
de un público tan disperso.
Cierro con esto. La mejor
manera de educar a nuestros niños y futuros votantes para que no comentan los
errores históricos que hemos cometido siempre, es desarrollar el pensamiento
crítico y sus cuatro pilares: Análisis, interpretación, evaluación, inferencia
y autorregulación. Entonces en vez de transformar la educación con leyes
estúpidas que garanticen que los niños, niñas y niñes puedan usar un solo e
inclusivo baño, o que puedan elegir su género; deberíamos ocuparnos del diseño
de programas educativos que ayuden a desarrollar el pensamiento crítico. Así es
como evitamos una sociedad ignorante, atomizada, dividida y tristemente adoctrinada por medio de los nuevos “influencers” profesionales.

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