¿De qué están hechas nuestras verdades?
Vivimos en una época curiosa. Nos jactamos de ser hijos de la razón, de haber superado el pensamiento mágico y de caminar sobre el suelo firme de la objetividad. Sin embargo, parece que solo hemos cambiado de dioses. Existe una tendencia marcadísima, casi instintiva, a endiosar las instituciones que hemos elegido para que nos den orden: La Ciencia, el Estado, la Medicina, las Iglesias, el Mercado.
Las mencionamos con una reverencia que roza lo místico, como si fueran entidades incorpóreas, superiores y, por supuesto, infalibles. Pero, detengámonos un segundo a revisar el "hardware": ¿no están todas ellas dirigidas y financiadas por humanos? Personas con las mismas vulnerabilidades emocionales, los mismos sesgos cognitivos y las mismas ganas de tener la razón que cualquier vecino.
La mayoría de nuestras "verdades" están fundamentadas en un acto de Fe Institucional. Decidimos darle el crédito a que este postulado, aquel libro, ese panel de expertos son poseedores de la verdad o al Dios último: la IA.
Confiamos en que el método es infalible porque necesitamos que algo lo sea. Al final, parece que no hemos dejado de creer en milagros; solo hemos cambiado los altares por laboratorios o boletines oficiales.
Pero ¿Quién es el que valida?
Si el ciudadano común le ha otorgado un estatus de superioridad cognitiva y moral a estas entidades, surge la pregunta subversiva: ¿Por qué necesitamos que sean infalibles?
Quizás sea porque la incertidumbre es un precio demasiado alto para pagar. Admitir que la medicina es un proceso de ensayo y error, que la economía es un sistema de apuestas educadas o que la ciencia es un mapa que se redibuja cada década, nos deja en una posición de vulnerabilidad que preferimos evitar.
Transfiere más confianza afirmar que "La Ciencia" dice, que admitir que "un grupo de humanos, con sus presupuestos, presiones y sesgos, sugiere que...".
Al final del día, tal vez lo único que podemos validar como "verdad absoluta" es nuestra propia necesidad de encontrarla. Todo lo demás parece estar sujeto a la erosión del tiempo y a la inevitable falibilidad humana.
Dicho todo esto... No me hagan mucho caso, después de todo, esto es solo un post en un blog. ¿Y quién nos asegura que lo que hoy leemos como una astilla de lucidez no terminará siendo en diez años, solo otro sesgo bien redactado?

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