4/16/2026

EL PANTEÓN DE LAS CERTEZAS

 


¿De qué están hechas nuestras verdades?

Vivimos en una época curiosa. Nos jactamos de ser hijos de la razón, de haber superado el pensamiento mágico y de caminar sobre el suelo firme de la objetividad. Sin embargo, parece que solo hemos cambiado de dioses. Existe una tendencia marcadísima, casi instintiva, a endiosar las instituciones que hemos elegido para que nos den orden: La Ciencia, el Estado, la Medicina, las Iglesias, el Mercado.

Las mencionamos con una reverencia que roza lo místico, como si fueran entidades incorpóreas, superiores y, por supuesto, infalibles. Pero, detengámonos un segundo a revisar el "hardware": ¿no están todas ellas dirigidas y financiadas por humanos? Personas con las mismas vulnerabilidades emocionales, los mismos sesgos cognitivos y las mismas ganas de tener la razón que cualquier vecino.

La historia es, en esencia, un cementerio de "verdades inexpugnables". Lo que hoy consideramos un hecho científico sólido, mañana suele ser visto como una simpática ingenuidad de nuestros antepasados.

Durante siglos, la verdad absoluta era que la Tierra era el centro del universo. No era una opinión; era una estructura matemática y espiritual validada por las mentes más brillantes de la época. Cuestionarlo no era solo un error técnico, era una herejía. Hasta que la perspectiva cambió y el Sol nos puso en nuestro lugar (la periferia).

Hubo un tiempo donde la "verdad médica" dictaba que el tratamiento para casi cualquier mal era una buena sangría. Se creía con fe ciega que equilibrar los "humores" mediante cortes era la cumbre del saber. Hoy lo vemos como una carnicería, pero en su momento, era la "entidad superior" hablando.

¿No era el Átomo Indivisible? El mismo nombre lo dice (a-tomo: sin división). Era la base inamovible de la física... hasta que dejó de serlo. Resulta que el "ladrillo" de la realidad era más bien una habitación llena de partículas aún más pequeñas y extrañas.

Esto se va a poner quizá un poco incómodo para los amantes de las certezas, pero es verdad que tendemos a creer que la ciencia no requiere fe. Sin embargo, siendo honestos ¿cuántos de nosotros hemos validado personalmente la teoría de la relatividad o la estructura del ADN?

La mayoría de nuestras "verdades" están fundamentadas en un acto de Fe Institucional. Decidimos darle el crédito a que este postulado, aquel libro, ese panel de expertos son poseedores de la verdad o al Dios último: la IA. 

Confiamos en que el método es infalible porque necesitamos que algo lo sea. Al final, parece que no hemos dejado de creer en milagros; solo hemos cambiado los altares por laboratorios o boletines oficiales.

Pero ¿Quién es el que valida?

Si el ciudadano común le ha otorgado un estatus de superioridad cognitiva y moral a estas entidades, surge la pregunta subversiva: ¿Por qué necesitamos que sean infalibles?

Quizás sea porque la incertidumbre es un precio demasiado alto para pagar. Admitir que la medicina es un proceso de ensayo y error, que la economía es un sistema de apuestas educadas o que la ciencia es un mapa que se redibuja cada década, nos deja en una posición de vulnerabilidad que preferimos evitar.

Transfiere más confianza afirmar que "La Ciencia" dice, que admitir que "un grupo de humanos, con sus presupuestos, presiones y sesgos, sugiere que...".

No se trata de desestimar el conocimiento, no me malinterpreten, sino de ajustar el lente. ¿Y si nuestras verdades no fueran rocas inamovibles, sino más bien herramientas de navegación temporales? Útiles hoy, pero sujetas a inventario mañana.

Al final del día, tal vez lo único que podemos validar como "verdad absoluta" es nuestra propia necesidad de encontrarla. Todo lo demás parece estar sujeto a la erosión del tiempo y a la inevitable falibilidad humana.

Dicho todo esto... No me hagan mucho caso, después de todo, esto es solo un post en un blog. ¿Y quién nos asegura que lo que hoy leemos como una astilla de lucidez no terminará siendo en diez años, solo otro sesgo bien redactado?

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